Las estanterías de poesía en las librerías son breves y atropelladas —mayormente— porque la narrativa lo acapara todo ante el ansioso lector.
No se me ocurre mejor forma de empezar a contarte esta historia si no es de esta manera, con tres palabras con acento hiato. Porque las palabras que llevan el acento en la i nunca pasan desapercibidas. Como el ilustre que me evoca estas líneas.
Volvamos al punto:
En la antigua librería alicantina Libros de Ultramar, la poesía desbordaba sus mesas y estantes, por eso repetí visita. En la sección de segunda mano tenían joyas para quien sabía verlas. Ahí, estaba un libro que atrapó mi curiosidad de lector novel.
La estantería me abanica con sus ondas que seguirán conmigo después de salir de las puertas de mis ojos
No sé si te lo he dicho: saco las gafas de ver más de una vez al día, pese a eso, no me di cuenta y cogí un libro justo debajo de la sección de poesía y me lo llevé. Modesto en apariencia, de bolsillo y, como su nombre indica, cabe ahí donde debe caber.
Es 2025, ha pasado medio año desde ese momento, y al releer el libro y buscar información, me doy cuenta de que dos años antes estuve en un monumento en nombre del poeta de las ondas y nunca lo supe.
Es un maravilloso lugar. Pero ¿cómo se puede saber, por el común de los mortales, que esa escultura está dedicada a D. Ramón Gómez de la Serna Puig? Hay una solución muy sencilla: colocar una placa. Gracias
Así diría y con razón, un seguidor de pasionpormadrid.com sobre esa esquina casi olvidada de los Jardines de las Vistillas. La placa sigue sin tenerla al día de hoy.
Y aquí estoy ahora, profanando con resaltador amarillo ese libro discreto comprado en diciembre de 2024, fascinado, buscando información en internet y encontrando joyas, que me dan una perspectiva más clara de quién es —todavía— Ramón Gómez de la Serna.
Por qué sorprende aún hoy este trovador de greguerías
Si algo se puede leer entre líneas en sus aforismos radiofónicos, es que Ramón sabía y sentía que estaba en un momento único e irrepetible en la historia: el nacimiento de la radio. En ese momento, su voz característica y su humor poético-filosófico —tan agudo siempre— tocaba todo lo que podía. Todo eran estímulos para jugar con las palabras.
Su epístola radiada, vista desde el presente, se adelantó a lo que serían los corresponsales futuros: esas personas con micrófono en mano que narran los hechos donde están sucediendo. Leyendo el libro, me doy cuenta de que incluso se adelantó al concepto del pódcast que conocemos hoy en día.
Tanto dijo, analizó e imaginó que salieron de él algunas ocurrencias delirantes como la radioolfación —o radio olfativa—, pero también otras ocurrencias fueron visionarias, como que existiría en el futuro la televisión o la radio portátil con auriculares.
Nigel Dennis, responsable en este libro de trasladarnos a esta época vibrante del trovador radiofónico, lo define muy acertadamente como artista de las palabras.
Por eso, a veces al releer las greguerías de Ramón, lo que imagino es a un hombre extremadamente despierto, raro y adelantado a su época, que muchas veces podría parecer un niño cuando comienza a hablar: disfrutaba del placer sensorial del sonido de las palabras, mezclando conceptos y significados en frases que muchas veces rozaban la poesía.
Pero no lo idealices, lo cierto es que Ramón, por su personalidad, fue un hombre complejo, con altibajos emocionales y profesionales. Vivió la España de los años 20 del siglo pasado, desgastada por la corrupción, el caciquismo, las huelgas, la guerra con Marruecos, la dictadura de Primo de Rivera y la posterior Guerra Civil, que lo asustó por su brutalidad y le hizo exiliarse en Argentina.
Estando en Buenos Aires, se convirtió en […] el “muerto civilmente”, ansiaba, sin embargo, que su obra fuese reconocida en la plenitud de su originalidad innovadora. Pero a veces, no ha sido así.
Las greguerías, en la memoria de muchos lectores, se han quedado como curiosos juegos de palabras, a veces ingenuos o dignos de un “meme” eventual, aunque para mí, siguen siendo motivo de inspiración para releer el mundo que me toca vivir.
Curiosamente, al leer su biografía, creo que una de las greguerías recogidas en el libro se convirtió —sin saberlo— en la profecía de su propio destino, pues en Buenos Aires, poco a poco, fue encerrándose en sí mismo, escribiendo sobre sus tortuosas emociones y sueños hasta el final de sus días.
Tal vez, lo que nos podemos llevar de su obra es que la curiosidad es lo que hace latir a los corazones creativos.
Alcánzame el delirio poético de cada día y no me dejes morir de monotonía, que es de lo que se muere realmente



Gueguerías onduladas. Edición de Nigel Dennis. Editorial Renacimiento, 2012. Cómpralo online aquí.
El resumen de la vibrante vida de Ramón Gómez de la Serna en Historia Hispánica y Wikipedia.
Más sobre Nigel Dennis (1949 – 2013) en Wikipedia.



Excelente amigo mío ! 😇
¡Muchacho! Tu tocayo es pura inspiración. ¡Muchas gracias!