El duelo. La limpieza. La pausa

Los cambios duelen.

Más sabiendo que a quien dejas es a alguien por el que has sentido amor. Amor del bueno.

Ese día:

Cerrar la puerta.
Derrumbarte a llorar.
Decir adiós.
Romperse algo dentro de ti.
Y ver que esos trozos se clavan uno a uno en tu corazón. En lo vivido. En lo amado.

Vino y silencio.
No lo arreglan aunque lo suavizan.

Día dos:

Despertar y encontrar tu espacio.
Redescubrir tu casa, esa que se convirtió en hogar de dos.

Limpiar con dolor los recuerdos, la presencia de quien se fue. Duele tanto.

Todo limpio, ves tu espacio.
Sientes tus pies tocar el suelo.

Y sientes que has recuperado algo esencial, la identidad de lo que preparaste para que fuera compartido. Tu casa, se convierte en tu hogar. Hogar de uno.

Día tres:

La pausa.
El día es lento.
Te das permiso de no correr.
Ir a la playa.
Que llovizne en la playa y te quedes.

El mar lo cura todo.

Pedir deseos y no pensar.
Tirar lo malo.

Dejar lo bueno y que eso marque los recuerdos.

De lo que fue.
De lo que viene.
Y será.

El duelo. La limpieza y la pausa.

Es necesaria si quieres abrir tu corazón a ti, estar en paz con el que se va, porque si lo vuelves a encontrar, otra historia comenzará.

Recuerda, llámale por su nombre.
Nada de ‘ex’.
Ya no te/le pertenece/s.
Si alguna vez lo creíste así.

Ahora cada uno tiene un camino.
Que sea limpio, bueno, claro.

Y que se unan de las maneras que deban ser.
Si tiene que ser.

todos los caminos. son mi camino / Por Carlos Martín
todos los caminos. son mi camino / Por Carlos Martín